lunes 23 de noviembre de 2009

Hace 4 décadas...

resurGe el dAdor


Hace 40 años…
Por los jirones desiertos,
                                      Nadie.

El viento, las nubes sobre las tapias y aceras
ocultaron los aleros al sol último.

Hace 4 décadas…
                           en la urbe,
de cortejos y fantasmas paseantes,
                                                 Cholos-mestizos… sin coronas.

Hace poco menos de un evo…
el campesino
abandonaba la wachuraña[1],
y el obrero
agonizaba entre el humo de una llama ardida.

Hace 40 años…
Tras una puerta,
la palabra expiraba.
Soledad en llamas,
el agua moría a gotas,
la tierra no sabía nada,
la risa moría lentamente entre sombras.

Mas las sombras no sólo eran
mistis y k’aras
pitucos y jailones sin coronas.
Eran 40 años de olvido y hastío
                                               que terminan.
Huye la edad mudable,
El ánimo se adueña,
y el tiempo mira:
Del reposo inmortal
Pura presencia,
alguien dota de palabras.
De nuevo renacer
de sangre materna y vientre fecundo
                                                         Pacha Mama
Entre la sorda soledad del mundo,
¡Llut’araña![2] ¡Llut’araña! ¡Llut’araña!
se erige de su descanso
el ángel dador.

El misti mexicano
_______
[1] Abertura de los surcos.
[2] Abrir lo que estaba cerrado a piedra o lodo.

lunes 9 de noviembre de 2009

A GAMALIEL CHURATA, IN MEMORIAM...

09 DE NOVIEMBRE, UN DÍA COMO HOY HACE 40 AÑOS SE NOS FUE EL GRAN GAMALIEL CHURATA, EN HOMENAJE PUBLICAMOS ESTAS PALABRAS QUE LE DEDICÓ ALBERTO CUENTAS.

SE FUE GAMALIEL CHURATA

La tierra fría y sagrada de Puno, ha perdido al hombre más representativo de su gallardía y su empuje. Ha muerto Gamaliel Churata que, en el Kollao, era un símbolo. Su serena grandeza aymara fue como una brújula predestinada a marcar rumbos en el altiplano. En Lima, una tarde, acompañado del sol muriente, se extinguió su vida, silenciosamente. ¿Cómo será la muerte, esa noche del alma? Su abnegado corazón se dilató, en la penumbra, hasta alcanzar lágrimas de sus hermanos y amigos. Y, ese sollozo de despedida llegó hasta mí como en las mitologías aborígenes. Su viaje a Lima fue para abreviar su dolor. Estuvo herido de muerte.

Gamaliel Churata ha muerto en Lima, en la ciudad a la que fustigó por su centralismo y sus concupiscencias políticas. Se apagó la luz que ardía en los pechos de tantos miserandos que pedían justicia e igualdad en los agros. Pensar que ese hombre luchó sin descanso contra la adversidad en el destierro. Y, morir en plena batalla, cuando el sol ilumina, no el pesebre de las oligarquías, sino las cumbres del Ande; y despierta a las multitudes indígenas, oprimidas, humilladas, perseguidas, calumniadas. Es la tragedia de la vida de los Grandes en manos del Destino.

Gamaliel nació en Puno el año de 1897. Los Peralta mezclaron su sangre con los aymáras. De ahí su puño belicoso, su mirada ardiente, su corazón de fuego, su espíritu rebelde. Yo ví, alguna vez, niño, a su padre, don Demetrio, erguirse altivo en medio de las multitudes, y con voz potente, defender a los obreros y a las libertades públicas holladas por los genízaros de la burocracia oficial. La educación en su hogar hizo de Domitila, un holocausto a la humanidad; de Adriana, una ofrenda a Dios; de Demetrio, un artista del color; y de Gamaliel y Alejandro, poetas apóstoles de un credo humano que se universaliza en el tiempo y en la historia. Gamaliel, con su nombre bíblico, con el que Jehová anuncia a Moisés, a ESE que encendería la lámpara de las siete luces, y haría sonar en el mundo el clarín anunciador... Se apellidó Churata, para que sea real la reencarnación del espíritu con la carne... Así hermanó al hombre con los Profetas.

Gamaliel, es el mestizo conformado al medio telúrico y al ideal. Su voz era la del punto que llama a insurrección y se prolonga en el horizonte genial. Una digresión que es veredicto: Cornejo, se opone a la creación de un convento en Puno; Benito Laso se inflama con la llama de la libertad y la independencia; Giraldo, habla en el medioevo peruano de reinvindicaciones sociales; Solórzano, pintó con agua bendita la cruz del diablo; Encinas, pedagogo descreído, se dijo anarquista; Telésforo Catacora, luchó contra todas las podredumbres sociales y levantó su bandera heroica hasta los umbrales de la divinidad; Chuquiwanka Ayulo, excomulgado; Francisco Pastor, discute la pureza de la Virgen Santa; Ignacio Frisancho, arroja la sotana al estercolero; Gamaliel Churata, oficia de sacerdote y Mago en el Averno de Orkopata, y pone a Dios en sus talones; Manuel Quiroga, en Pomata, cabalga en el caballo de yeso de San Santiago; y, finalmente, Alberto Cuentas, adora al diablo, porque es el orgullo, la verdad y el misterio... Todos son nacidos de la misma entraña del infierno y, con el mismo ideal: libertad en las cumbres, más la espada flamígera en sus manos, HEREJES... Las herejías no sólo obligan a los ortodoxos a esclarecer la verdad, sino son su signo de la vitalidad de la fe. San Pablo los creía necesarios. Los enemigos de la religión no son los herejes sino los falsos cristianos.

Churata, a su regreso al terruño, no olvidó los años de lucha tesonera. Supo, en Orkopata, desarrollar motivos aymaras que llegaron a los peruanos en sus TOJJRAS. Si los acontecimientos pasan y mueren los seres queridos, permanece enhiesto el Ande e inmóvil la laguna que nos atan al terruño con sus garras de Puma y con el azucarado jugo de los zankayos. A esas garras pocos se escapan. Somos hijos del Ande, de los Achachilas pensativos que vigilan los Ayllus. Pero los ultraístas de la Nueva Era, quieren que abandonemos a esas madres telúricas. Cada cultura es hija de su ambiente; y, es por eso que Gamaliel, su obra, tiene eco en el terruño. Ahí, en Orkopata, con Alejandro, su hermano, creó una escuela poética: la indigenista, que por distintos derroteros se impone en América y Europa. El indigenismo no es folklore: es despertar las aspiraciones del indio mediante la poesía, la pintura y la música, que son expresiones universales del pensamiento humano. Es mentira que la cultura se detiene en las cumbres andinas. Al contrario vendrá de las alturas. La nieve del Ande, compañera del Karabotas y del “sunicho”, se está encendiendo de rojo para dar vida a la dorada placidez del costeño. De nuestras alturas vendrá el Nuevo Sermón de la Montaña, que esperan los humillados y ofendidos. Por caminos distintos Garnaliel y yo, hemos llegado al mismo fin. Desenterrando cadáveres, hollando cenizas, combatiendo a los imbéciles y a los tiranos. Yo me resguardo con mi capacidad y mi honradez, grandes o pequeñas; desprecio y combato a los poderosos que esclavizan al hombre. Yo estoy suspendido entre cielo y tierra, entre los dioses y los gusanos. Soy demasiado etéreo para vivir en el suelo y ser comprendido por las víboras y las pulgas... KHORI-CHALLWA, su obra máxima, sacudió mi espíritu. Esa obra es el amanecer kollavino con toda la riqueza de sus fábulas esotéricas. Es una obra de actualidad, moderna por el estilo y porvenirista por la esencia. Gamaliel, era una capacidad poco común; alma templada en el sufrimiento, en la fragua de sus ideales humanistas; su nombre se alarga en Lima hasta llegar a González Prada y Mariátegui; en Tacna, hasta Vigil; en Arequipa, hasta Mostajo; y en La Paz (Bolivia), tuvo destacada actuación, brillante, en el periodismo, en la literatura y, hasta fue mentor del Código de Trabajo de Busch. Aventó la semilla en el surco todavía estéril. Esperaba que nuevas generaciones recojan sus ideas para allegar la siembra. En su “Boletín Titikaka” comentaba toda la vida literaria del Continente. De su obra surge el arte con emoción social. Yo hubiera querido darle, en la agonía, aquella yerba, Gilganes, que conforme a las epopeyas babilónicas impide la muerte. También en la farmacopea de los tawantinsuyanos, hay la yerba que alarga la vida y quita las penas... Contra los dogos de presa, los conquistadores, se alzaba iracunda su palabra. Su estilo es macizo; es divertido y sublimemente satírico. Es certero y demoledor. Su frase es original y única. Toma y retoma ese panteísmo que hermana el hombre con la naturaleza. No aquél que menosprecian los de la “nueva sensibilidad”. Las obras de moda pasarán, pero las que nutren de la belleza de la tierra y del sufrimiento del hombre, serán eternas. La eternidad es dolor y ensueño. Así lo dijo el Dante.

No volveremos a oir al arrogante impugnador, menos al valiente defensor del campesino; ni a escuchar sus Salmos Proféticos en sus poemas. Escucharemos sí, en la tarde, EL ÁNGELUS, de su credo de justicia. Los hombres ilustres saben hablar desde la fosa. Escucharemos, en silencio, las voces del mañana...

Upa marka - Reino del Silencio.
Apu marka - Casa de Dios. Puno
1970.
J. Alberto CUENTAS.

miércoles 4 de noviembre de 2009

04 DE NOVIEMBRE, ANIVERSARIO DE PUNO, LA CAPITAL DEL KOLLASUYO.

PUNO, CAPITAL DEL KOLLASUYO
Hermandad americana

Por: El Hombre de la Calle (Gamaliel Churata)

Dos razones poderosas hay para que los bolivianos dirijamos el pensamiento al hermano pueblo del Perú: celebra el 134 aniversario de su independencia y, luego, en los actuales momentos el presidente de Bolivia, accediendo a una invitación del General Odría, mandatario de ese país, se halla en Lima, compartiendo con el pueblo y gobierno peruanos las justificadas alegrías que provocan en todas las naciones americanas las efemérides que marcan el tránsito de la opresión colonialista a la republicana libertad. Con este mismo sentido para celebrar el 6 de agosto, tendremos en nuestro seno al General Ibáñez del Campo, presidente de Chile, quien, deferente con una invitación de nuestro Gobierno, participará del júbilo boliviano por la efemérides, no de la independencia de Bolivia, sino de su creación como entidad política soberana.

En verdad, nuestra independencia se consagró en tierras peruanas con la célebre batalla de Ayacucho. La espada que rubricó esa victoria sublime fue la misma que rubricó nuestra constitución como nación soberana. Tuvimos, entonces, como ahora, la certidumbre de que Bolivia, para erigirse en país independiente, dejaba la fraternidad hogareña de la patria peruana. Hasta el glorioso Pedro Domingo Murillo, cuando el 16 de julio de 1809, se alzó contra la corona española en La Paz, se alzó en nombre de las esclavizadas tierras del Perú, como reza la Proclama de la Junta Tuitiva. Nada nos separa; y la misma frontera del Titikaka, lejos de aislar a dos pueblos, los une en un abrazo de leyenda y de belleza...

La vecindad con el Perú, es, sobre todo vecindad de paceños y puneños. Tanto la capital de Puno, como sus provincias, están ligadas por intereses con La Paz y sus provincias, fuera de hallarse, no digo ligadas, sino emulsionadas familiarmente. Precisamente por eso y porque el Perú celebra su aniversario cívico, es que voy a dedicar algunos pensamientos a este departamento peruano, el cual, como resultado de los convenios últimamente ajustados entre las cancillerías de La Paz y de Lima, se unirá a nosotros con un ferrocarril, y se beneficiará, en la medida de los paceños, con el aprovechamiento de las aguas del Titikaka, para el riego de las pampas del altiplano y para la producción de energía destinada a fines en extremo beneficiosos.

Puno es un departamento de suma importancia en el Perú; su población, según los últimos censos –ya en otra oportunidad me he referido a este aspecto- se acerca al millón de habitantes. Los pueblan indios aymaras y kheswas; es asiento de Juli, la gran capital colonial, desde la que los jesuitas ejercitaban un verdadero dominio. Hatun Kolla, hoy una aldehuela sin importancia, fue el asiento del Gobierno de la República Kolla, a la cual obedecían todos los pueblos de esta estirpe. Además, sus famosos minerales argentíferos de Laykakota fueron tan importantes, o pocos menos, que los de Potosí; si ya se estudiaba en España, la creación de un Virreynato, entre el de Lima y El Plata, cuya capital elegida era nada menos que Puno. Su importancia ha sido, pues, de mucha monta en todo tiempo.

Su pueblo y su juventud son famosos por su radicalismo. Cuenten ustedes que ha sido en Puno, en la única población donde en América vio producirse verdaderas guerras de carácter religioso, antipapal. Leyenda confirmada por testimonios fehacientes es aquella de que los puneños atacaron a sus adversarios católicos durante una procesión de viernes santo, y, para esto, utilizaron balas de plata. Sus hombres fueron en todo tiempo de mentalidad insurgente, y desde luego, se cuentan entre los más ilustres de la intelectualidad peruana. Corre por sus hijos un axioma que dice: “No hay cuzqueño cobarde, como no hay puneño bruto”. En los albores de la conquista llegó por allí Hernando Pizarro y refieren las crónicas que ya encontraron una aldea plena de indios levantiscos, y, asimismo, de indias hermosas […]

Honran a Puno: maestros de prestigio continental como José Antonio Encinas; músicos como Teodoro Valcárcel. Un poeta y escritor brillante de la escuela de González Prada: Adrián Solórzano, es puneño. Gran polemista y talento de kilates fue José Manuel Armaza, de raíz boliviana. El precursor del indigenismo constructivo del Perú ha nacido en Puno: Telésforo Catacora. En Puno hasta los curas son de espíritu revolucionario y acaudillan indios y levantan la bandera social: el cura Paniagua, aymara, como aquél. Semillero de mentalidades pujantes Manuel Quiroga, Eduardo Pineda Arce, Alberto Aguirre, Ernesto y Juan Jiménez. Manuel M. Morales, José cabrera, y muchos otros. Un puneño de corte clásico –el último talvez-, don Manuel Montesinos. Una gran figura de indio: Manuel Camacho, apóstol de lineamientos de epopeya. Un sacerdote de gran mentalidad, doctor en Roma: Enrique Gallardo; un médico brillante: Francisco Paniagua, muerto en La Paz. Figuras de hoy, con crédito en tres continentes: Emilio Romero, acaso el más serio estudioso de la sociología peruana; histólogo de prestigio europeo: Enrique Encinas. Allí en Puno, surgió el movimiento poético más notable del Perú: el del grupo Titikaka, que ha dado en Alejandro Peralta un gran poeta lo mismo que a Luis Rodríguez, Aurelio Martínez, Dante Nava. En fin...

Puno, finalmente fue el refugio de los políticos bolivianos en la edad de Melgarejo, y su sociedad está constituida por Aspiazus, Ballivianes, Buenos, Belzus, Quevedos. Es, en muchos aspectos, un pedazo del corazón paceño.

¡Saludemos al gran pueblo hermano del Perú en el gran pueblo de Puno!

Diario La Nación. La Paz - Bolivia, 28 de julio 1955.

jueves 29 de octubre de 2009

Presentación del libro "Encrucijadas estético-políticas en el espacio andino".

Arriba: Cartel anunciando la presentación del libro: "Encrucijadas estético-políticas en el espacio andino". Abajo, la participación de los invitados en el día de la presentación, de izquierda a derecha: Jorge Mansilla (embajador de Bolivia en México), Dra. Maya Aguiluz, Dr. Horacio Cerutti y Dra. Yanna Haddaty. El evento se llevó a cabo en el auditorio del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (CEIICH-UNAM).

A continuación un breve recuento de lo que fue dicha presentación:

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "ENCRUCIJADAS ESTÉTICO-POLÍTICAS EN EL ESPACIO ANDINO"
CIIECH- UNAM, CIDES-UMSA, México- La Paz, 2009. México, D.F. 23 de octubre de 2009.

Por: Arturo Vilchis C.

"Paraninfo universitario, que es el cráneo del Homo Sapiens. Ocupará la tribuna el PROFESOR ANALFABETO, severamente trajeado para el acto académico. Su fisionomía radicalmente vernácula, se acentúa en los pómulos salientes; mentón vigoroso; frente plano inclinado del Chullpa nariz kunturina. Es de ostensible vivacidad misteriosa en la mirada. El público que proveniente de muchos países del planeta ha acudido a oírle y la amplísima sala llena, es asimismo de clase burguesa en platea; plutócratas y aristarcas en palcos y plebe internacional en gallinero. El Profesor Analfabeto es un intelectual iletrado a quien se halaga menos por filósofo cuanto por temible sardónico. Voz bronca; locución lenta, flemática. Cuídese de representar todas las razas conocidas del planeta."
Gamaliel Churata, Resurrección de los muertos.

La convocatoria surgió tiempo atrás, cuando se organizó el encuentro Internacional Encrucijadas Estético-Políticas en el Espacio Andino. Entrados en los veinte. Evento que reunió a nueve académicos de Perú, Bolivia, Alemania, Estados Unidos y México, los días 27 y 28 de septiembre de 2006, en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, de la Universidad Nacional Autónoma de México (CEIICH-UNAM). Resultado del encuentro, en el cual se ofrecieron: análisis e interpretaciones acerca del escritor y periodista Gamaliel Churata (Arturo Pablo Peralta) y en colindancia, sobre los indigenismos, los socialismos y las vanguardias que irrumpieron en Lima, Puno, y La Paz, fue la aparición del libro que lleva el mismo título del encuentro, y que después de 3 largos y asiduos años por fin aparece.
La presentación, enmarcada dentro de las instalaciones del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (CEIICH-UNAM), contó con la participación del embajador de Bolivia en México: Jorge Mansilla Torres, la especialista en vanguardias literarias, académica e investigadora del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIFL) de esta universidad la Dra. Yanna Hadatty Mora, el profesor y filósofo del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC-UNAM) EL Dr. Horacio Cerutti Guldberg, así como de la coordinadora del encuentro y del libro, la Dra. Maya Aguiluz Ibarguen.
A escasos días de cumplirse un aniversario más del fallecimiento del emblemático escritor Gamaliel Churata, el escritor Jorge Mansilla, hizo un breve recorrido de los 32 años que Gamaliel radicó en Bolivia; el señor Mansilla valoró el aporte significativo de El pez de Oro para la literatura boliviana y latinoamericana, y se refirió a la obra de Arturo Peralta como “la obra de un latinoamericano universal”, y proclamarse con orgullo y sentimiento, como un “beneficiario de la obra periodística, humanística, política de Gamaliel Churata,” su participación, impregnada de una carga emotiva y de testimonio, articuló las dificultades que todo hombre en exilio –tanto las de Churata y su experiencia en Bolivia, como las del embajador y su periplo por Perú y México- llega a sufrir, máxime que a ambos los une la profesión de periodistas.
Con breves apuntes de la Dra. Aguiluz, la presentación dio paso a las palabras de la Dra. Yanna Hadatty, quien hizo recordar a los presentes, el evento que tuvo lugar hace más de tres años y dio pie a la configuración del libro; evento que buscó “su norte o su pretexto en el cincuentenario de la aparición del libro El Pez de Oro. Retablos del Laykakuy.” Su intervención postuló un recuento sintáctico del libro, de cada uno de los apartados del mismo: Espacio andino: primera mitad del siglo XX; Junturas de lo estético y lo político; Interludio de Gamaliel Churata; y Constelaciones culturales en perspectiva, así como de cada uno de los artículos que componen la colectividad del libro. No podía dejar de lado las relaciones manifiestas entre el pensamiento de José Carlos Mariátegui, la revista Amauta, y Gamaliel Churata, el grupo orkopata así como El Boletín Titikaka, grupos de intelectuales, que se apropiaron del indígena, desde un posicionamiento ideológico, desde la “veracidad imaginaria, ideológica, a veces utópica.”
El aporte final del Dr. Cerutti, quien con toda confianza y sinceridad se remitió a los presentes como un neófito acerca de la obra de Gamaliel Churata, destacando que el aporte del libro Encrucijadas estético políticas en el espacio andino, fue su primer acercamiento y una apertura extraordinaria a la obra de Arturo Peralta. Destacó el papel trascendental de El pez de Oro -“a través de algunos textos y el testimonio que el libro recoge”-, del lenguaje como filosofía, la búsqueda “de decir lo que verdaderamente se quiere decir, recuperando la cosmovisión del mundo andino.” Insistió que Gamaliel sin ser filósofo –dentro de los marcos de occidente- las suposiciones significante – significado; mundo consciente - mundo subconsciente; y mundo occidental - mundo indígena, son elementos que marcan toda la obra de Churata y quien trata de resolver la antinomia, no a la manera de André Bretón, sino buscando los procesos cognitivos indígenas, no hablar de un lenguaje extraño, el cual no existe, sino que Gamaliel hace uso de un lenguaje, porque “está hasta la madre de un lenguaje que lo único que sirve es para justificar la sumisión”.
Así finalizaría la presentación, no sin olvidar las palabras del escritor Jorge Mansilla, quien se remitió en su momento al recuerdo memorial del maestro Churata y su paso por Lima, antes de su fallecimiento:
"Esta llovizna carajo, sin personalidad, sin identidad para mojar, y menos para permitirle a uno, siquiera el pretexto de echarse unas lágrimas aquí en la calle."

lunes 19 de octubre de 2009

Nueva publicación de la Editorial "América Nuestra - Rumi Maki"


Carátula del folleto "EL HOMBRE DE LA CALLE. GAMALIEL CHURATA" recientemente publicado por la Editorial América Nuestra - Rumi Maki. Compilación hecha por el infatigable Arturo Vilchis Cedillo. Contiene cuatro artículos:

- "Tesis sobre Federación socialista"

- "El campesino y la política"

- "Quién es un revolucionario" y

- "Unidad en la batalla"

Estos escritos de Gamaliel Churata nos permiten apreciar la coherencia y solidez de sus ideas político - sociales, a caballo entre el federalismo, el indianismo y el socialismo revolucionarios.

Debemos relievar una vez más el esfuerzo de AMÉRICA NUESTRA - RUMI MAKI, que se viene consolidando como una valiosa alternativa al establishment editorial, con una concepción revolucionaria respecto de la función que le compete a una Editorial en la nueva sociedad.

He aquí su palabra:

"Nuestra editorial es una actividad total. No hay jerarquías en la producción de la palabra. Transmite tanto el que hace de la palabra un tipo, como el que la escribe. Dice tanto el que la difunde como el que la imprime. Se edita la idea, se edita la vida."

En la contraportada también se puede leer el siguiente rótulo:

"Material de difusión no negociable".

No hay más que decir, se explica por sí mismo. Un abrazo a Arturo Vilchis y a quienes perseveran en el trabajo de rescate y difusión del pensamiento indoamericano

No duden en escribirle: art_rendon@yahoo.com.mx


martes 13 de octubre de 2009

"TEOFANOJ KAMUNKAÑA", Cuento de GAMALIEL CHURATA (1929).

Gamaliel Churata con sus sobrinos. Fotografía extraída de la Revista "Pez de Oro". Cortesía de Pedro Pineda aragón, archivo de Henry Esteba Flores.

TEOFANOJ KAMUNKAÑA

Por: Gamaliel Churata


El esplendor del cielo en árboles. Todo imbuido de sabor de tierra. A través de las nubes la luz se cierne en explosión azul. Las kesanas del día fresco se entumecen en el airecillo acuático. Azul todo; azul el canto del pichitanka. Yo subía afanoso la cuesta. Llevaba jadeante los fuelles del espíritu y a causa de esta disposición se iba quemando mi resuello. ¿Estaba alegre? La pagana alegría que él me trajo se hinchaba en mis ojos entusiastas. A mis espaldas, retrasada quedaba la ciudad. Traerse a la cincha un pueblo a escalar la cuesta es de hombres. Pero la mala para poblana se atasca a poco que el cerro se punza sus aristas. Se quedaba atrás ¡la ciudad! Eso que también yo voy a llamar una ciudad. La aldehuela casta, de buen sexo, rica chola de ancha cadera agilitada por el pescozón del hielo, dulce de aliento ¡si no fuera por los lagartos y sapos feos de la estupidez que le han sembrado sus salivas y sus malos rumores de bestia! Los techos de teja y de paja y de calamina también participaban de la humedad. Los de paja con su lomo de tejas, parecían invertidos maceteros de ichu punzante cultivados por amor a la serranía espiritual que gusta el gris y el áspero. El color de las tejas es genésico. Alegra y comunica inocencia. Pero las pajas amarillas u ocres, según sea la edad y el servicio, traen hasta la poblada la sensación del ayllu, de la pampa, del risco; la chujlla está viviente allí donde se ven los anchos techos de paja como kallampas. La calamina, en cambio, con su apariencia y su vozarrón… inexpresiva y atónica, como todo lo artificial, sin sexo. Pero vista a la distancia y a cierta hora cuando una evaporación azul envuelve todas las cosas, tiene el color del cielo. Por gusto. O acaso esas latas de zinc puestas ahí por la pereza y la brutalidad del hombre, en lugar de la teja colorida y el ichu panteísta son una manera de recordar que el cielo se mete en nuestras vidas a pesar de nosotros, que la vida, referida de un punto de la materia a una orilla de la epidermis en un solo espectáculo inhibido en sí mismo. ¡Quiá! Qué no había de comprender entonces mi alegría de animal encariñado. A poco más adelante estaba la “Quinta” y allí –lo descubría mi ansiedad- él, mi hijo, o mi hermano, o mi amigo, aquel fragmento de vida superior que vino a nacerme como un desquite a tanta imbecilidad oída y mirada. Los doce o quince árboles levantaban, por sobre las techumbres sus capas agitadas y jubilosas en el airecillo matinal. Cantaban las aves y chillaba mi corazón. Y esta era mi alegría. ¡Él! A quien, con la nube inédita, asomada detrás del cerro verde, iba a recibir en mis brazos. Seguí caminando.

Muy luego salió a mi encuentro el ladrido del can familiar. Y más dulce que el miski, su voz, la voz del Teofanoj.

-¡Tata! ¡tata! ¡Tetete!

Al traspasar la pirka brincó el tisko tisko, su hipido presuroso y sus manitas se me alargaban. ¡Él era!

Le había vestido hombre. Un manchuco de bayeta café sobre toda su carne robusta y el chullo de vicuña con filetes y dibujos en rojo testimonio de su adelantada capacidad vernácula.

-¡Sa bene unté! ¿Y a uno homecito me fuefo?

Con pasitos atolondrados se esforzaba por llegar hasta mí por entre los rosales; gritaba con alegría de cervato. Sentaba lindo el sol en el jardín, entibiándolo. La nube se reclinó sobre el repecho del monte, para inmóvil tirar algodones alegres. Desprendiéndose de la copa más alta alzó un vuelo circular sobre nosotros, el allkamari, yendo a perderse en el centro del cielo. La kurukuta voló desde el techado rompiendo sus cascabeles. El perro me lamía. Mi mujer tiraba de la verja recién amanecida. La cocinera sonreía al vecino, hijo de algún adefesio, y entre la expectación de todos, boquiabiertos, dio un salto gimnástico hasta ponerse en mis brazos dulces.

-¡Tata! ¡tetete!

-¿Nos lieron tetita me fuefueto? Millay ñuño… ¡A ver! ¡a ver! ¡teta!


Desabrochó el corpiño materno y sacando la ubre exuberante llevóla a su boquita. De rato en rato, mientras mamaba estaba atento a mis movimientos. Si me fuera dejaría la teta para chillar. Y eso es como si a uno le mamaran la ñuño mental, como si en el epicentro volitivo dejaran caer una gota de miel. Díjeme: ¡Onfano me quiere más que a su teta!

-¿Por qué no has venido anoche? Dijo su madre. ¡Y luego aparentas quererlo!

El chiquillo miraba de reojo para dar hondura al reproche de la mamala.

-¿Chi? ¿chi? ¿buscaba unté so tata?

Y por toda respuesta hacía grititos sin dejar el pezón.

Hice movimiento de retirarme, y chilló.

-¡Acá! ¡tata!

¡Cómo entonaba su obra de belleza la vida!

Se alzaba ya dos cuartos y medio sobre el suelo y alcanzaba la altura del primer perfume floreal.

Su color limpio, y sobre el mate de la piel mestiza, pinta rosa la salud valiente. Su carita redonda y su boca sin dureza tienen imperio hablador. El pecho alto se dibujaba con honradez y el abdomen repleto con ánimo. Los brazos llenos y las piernecitas ya de tendones firmes, estaban anunciando al futuro andante. Para mirar ¡sus ojos! Para castigar ¡sus ojos! Para acariciar ¡sus ojos! Sus ojos provienen del llama ñawi metido entre los pozos de la nebulosa. Ojos astrales desde donde yo vi, para siempre, tejido angélico de la carne. Su frente para darme sensación etérea, una insinuación combada buena al viento y a la fiebre de las ideas.

-¡Um! ¡um! ¡tata! ¡criii! ¡acá! Me decía, para que lo sacara a la explanada de la Quinta donde viven los árboles y es constante el canto de los pajarillos.

Gritábame yo:

-¡Sono me fuefo unté! ¡Yo canto lo pocoso y lebento lo bobo!

Y Chillaba, chillaba como el kelluncho con chillido encantador. Y me señalaba las flores y me señalaba el canto de los pajaritos. Gritaba él, con él corría yo. Nos tirábamos entre el pasto. Él se trepaba a montarse en mi pecho. Me halaba los cabellos, se echaba sobre mi cara para morderme las orejas. Su alegría no tenía límite; la mía me localizó de antemano en el sitio de la tierra desde donde se percibe el hálito de la luz. Estábamos solos y éramos lo único creado. Para acariciar de lleno estiraba mi brazo en busca de lo oculto; por ese camino inhollado tropecé con la suavidad de nuevas canciones. ¡Tata! Me gritaba y yo le cantaba ¡fuefueto! Todos miraban asombrados. La locura al desprenderse de la infancia se vuelve inocencia en la costilla joven. Eso conmigo. Locura de sentir lo que no sienten los demás. De poseer lo que no ven siquiera los ojos de todos. Yo, teniéndolo entre mis brazos, fornicaba con derecho varonil el ritmo de la vida. ¡Mi ritmo! Entenderlo; porque eso es solamente de uno. ¡Um! ¡um! ¡tata! ¡criii! ¡aca! Mis gritos apabullaban los suyos; pero a la postre solo los suyos tenían razón, porque poniéndome las manitas sobre la boca me gritaba: ¡um! ¡um! ¡tata! ¡aca! ¡criii!...

Y así pasaban las horas y la alegría sudando en el aire. Y yo, luego, acezando me sentaba y él reclinaba su cabecita en mi brazo y nos dormíamos. Pero allí tampoco acababa el ejercicio de amor, que mi esperanza agitaba alas y mientras desde el hueso vigilaba su sueño, tiraba el cuerpo un salto elástico y mi corazón hacía piruetas en los vientos.

-¡Um! ¡um! ¡tata! ¡aca! ¡criii!

Desde entonces datan esas palabras con que le arrullaba en mis sentaderas.

¡Duerme burrito! ¡despierta hombrecito! ¡arrorro! ¡arrorro!

Después, después se acercaba de puntillas su madre y se lo llevaba. Todavía un rato quedaba yo meditabundo de pasto.

Descendiendo la cuesta pensaba: “sólo me deja cuando duerme” y ni aun así: dormido adora lo que hollé como yo que huelo su adoración. ¡Pues al trabajo! ¡al trabajo! Por él, fórmula, esquema y sonrisa robusta en agilidad de cervato. Mi agilidad renacida. ¿Y su alma? Su alma estaba llenándome de eclosiones perennes…Todo amanece y enjuga. Invade el alma al alma. ¡Teofanoj!

Rápido y contento con mi aprisco de glorias en el lomo. Labriego que roturó sus campos. Hombre que entrevió ángel en el fondo de la caverna.

-¡Duérmete burrito! ¡despierta hombrecito! ¡arrorro! ¡arrorro!

Luego me tragó la fauce poblana y yo henchí de gozo mis poros y di vuelta brava y alegremente a la novela de la noria…

La luz seguía parlando.
Mundial, año IX, núm.479.
Lima, 23 agosto de 1929.
Archivo de Arturo Vilchis Cedillo.

lunes 5 de octubre de 2009

"AMÉRICA Y SU HABLA"

Escribe: Gamaliel Churata

Si América es una realidad genéticamente mestiza, la literatura americana debe ser idiomáticamente híbrida.

Si se busca acentuar una radical americana en la Literatura de América, tiene que comenzarse por acentuar menos el paisaje que la valoración antropológica.

La verdadera capacidad estética de América está en la sangre del indio, y por tanto la forma de hacer estética americana es hacer de América un mundo indio; que será indio siempre, si la genésica de la cultura la suministra el habitante en cuanto naturaleza y fruto. Si no conciliamos las prerrogativas del criollo con las mayores del indio, y de éste creemos que sirve más que menestral, covachuela, portero de hotel, pillastre electorero, alcahuetista, mientras para aquel reservamos los dones de la evangelidad, nunca tendremos un poeta indio, como en cuatrocientos años no hemos metido un santo cuprífero a las hornacinas ortodoxas, que no se escatimaron para negros ni amarillos.

El indio no es un subhumano, si ya sabemos que las imbecilidades de Sepúlveda fueron aniquiladas en su mismo vitriolo, es sí un subnutrido a causa de los sobrenutridos que lo apalearon y lo apaleamos todavía en prosa y en verso.

El gran poeta “indio” que es don Franz Tamayo, decreta que de él se haga artesano, mecánico, tal vez práctico en ingeniería. Mas no, ni se procure, filósofo o esteta, que todo lo que ve con las elaboraciones de la imaginación le está negado. Realmente, por mucho que se medite en tesis tan insólita se penetra en sus razones. ¿Es que el indio es un animal detenido en las subestructuras de la volición instintiva? ¿Por qué constituiría ese estrato inmoble, si todos los pueblos, y los más típicamente manuales, como el sajón, han sido fecundos en poetas y filósofos?

Dígase que es más útil en pongo, y se comprenderá quien lo dice.

Es indio lo mejor del pensamiento de Tamayo (como yo lo sé); aunque sus vituallas mentales sean humanísticas y grecolatinas, no lo más valorizable en él, puesto que de valores de esa índole está abarrotado el “templum” mestizo. Vale lo que en él se explica como presencia de un sentimiento telúrico, por tanto indio: que no es mucho en cantidad.

Se explica el “yaraviísmo” mestizo como predominio de la sensibilidad lacrimosa e inferior del indio, lo que es falso de la más tremenda falsedad. Las inhibiciones del indio se las señalan y estudian en los burgos, si se las buscan en su mundo no existen. El “harawi” en sus fuentes es un canto sacudido por sentidos pánicos de la vida, es agrológico y nupcial, posee más calidad erótica que sensiblera. El padre del “yaraviísmo” es el cholo de ojos lemúricos que no cabe en las ventoleras heráldicas. Ese encarpeta a su madre si es india y sólo llama a su corazón cuando siéntese poseído del pavor de la muerte.

El indio sólo sabe tres cosas claras. Cuando callar, cuando llorar y cuando matar… ¡Y no tiene imaginación! ¿Qué son la volición y la imaginación filosófica entonces? ¿Hay algo más en la tragedia griega?

Al diablo con la porra. No hay Literatura Americana porque no hay americanos.

El mito griego es el “alma mater” del mundo occidental. El mito inkásico debe serlo de una América del Sur con “ego”.

Patria no es la tierra del camino, es el camino de la tierra.

Y para ser “americanos”, la Literatura Americana tiene que comenzar por mostrarnos en sí el tumulto del pueblo de que es fruto y el punto lácteo del hombre.

NOVA: Revista de información y cultura
Núm. 7, La Paz, 7 de febrero de 1963, p. 3.